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Periodismo para la gente

Periodismo

Oda con luz para una palabra sin ojos

Oda con luz para una palabra sin ojos

Realizar. Qué fastidio de palabra cuando su abuso frecuente y nada expresivo se la encuentra sin razón de ser en los informativos de la radio, la televisión, las ciber páginas de la Internet y en casi todas las notas de prensa de los periódicos de este país. Ello denota el poco aprecio o conocimiento que los periodistas tenemos de las palabras. O tal vez nuestro deficiente esmero lingüístico.

De todos modos, el resultado siempre tendrá un rostro trágico y otro cómico. Por un lado, conmueve el grado inocente de descripción al que llegan algunas notas de prensa. Y por otro, nos arranca una sonrisa irónica, porque da pena demasiada simplicidad escolar. Por ejemplo:


Según el ministro de la Presidencia, José Galindo, la titular de Educación explicó en la sesión de gabinete todo el detalle del trabajo que se viene realizando para la realización del Congreso, que definirá la nueva política educativa para la siguiente década .


El Diario “Ministra informó a gabinete sobre congreso de educación” La Paz, sábado 13 de noviembre de 2004.

Sociedad/Seguridad Página I-7.


No vale la pena detenerse en más casos, porque los medios no se cansan de regalarnos todos los santos días ejemplos como éste.

El Manual de Español urgente, de la Agencia de noticias EFE, califica a realizar como un comodín y recomienda al periodista utilizar “la variedad en su vocabulario, pues palabras como ésta se repiten en exceso”.

El manual Pautas de redacción periodística 2005, del periódico La Prensa, explica que la palabra realizar es una muletilla “que muchas veces retrasa el verbo principal. Basta con decir ‘viajar’ en vez de ‘realizar un viaje’; ‘aportar’ en vez de ‘realizar un aporte’ (…) Pero hay ocasiones en las que esa palabra es necesaria, porque no es lo mismo realizar un sueño que soñar, realizar un plan que planear. Salvo expresiones de este último tipo, debe evitarse escribir esa palabra”.

La diferencia para este último caso estriba en que realizar funciona como verbo. Cuando decimos “realizar un sueño”, la palabra en cuestión, al juntarse con el sustantivo sueño, significa “cumplir una meta” o “alcanzar un objetivo”.
Hay que comprender, desde un principio, que realizar lleva dentro de sí el germen de la acción. Entonces resulta inútil escribirla a lado de un verbo. Basta, pues, el sólo hecho de obviarla.

Los verbos, dentro de una oración, son como la luz que no admite obstáculos oscuros para mostrarnos todo cuanto hay ante nuestros ojos.

Los verbos son la corriente de un río al que le disgusta piedras innecesarias en su camino; son como el hilo conductor de un cuento. Mientras más claro y sencillo su camino enrevesado, quedará más abierto el trayecto para llegar a la luz de su idea.

Cuando nuestros grandes maestros del periodismo nos sugieren que debemos evitar el lenguaje técnico en nuestras notas de prensa, no pecan de caprichosos. Y, por desgracia, cada que se lee, oye o escucha la palabra realizar parece que despidiera de sí un tufo contaminado de tecnicismos.

De lo que se trata, más bien, es de convertir al lenguaje en un instrumento ideal para llegar al Otro. A ese ser desconocido para quien escribimos todos los días. ¡Qué sería del periodismo sin las palabras! ¿Con qué frases, argumentos o verbos podríamos decirle al mundo lo que acabamos de presenciar? No bastan las simples imágenes de la televisión. Éstas para dar cuenta y razón de sí necesitarán siempre apoyarse sobre una pared confiable de palabras.

La palabra, en periodismo, como está dirigida a un público amplio, heterogéneo, disperso y cultural, no puede pretenderse erudita o sabia y mucho menos vulgar; pero sí accesible para todos.

La presencia de la palabra en el trabajo del periodista es constante. No es una moda que aparece por casualidad: no es un sitio o hecho de cobertura eventual; no es un lugar al que acostumbra visitar de cuando en cuando y tampoco es un recurso y comodín alternativo de expresión.

La palabra para el periodista es lo que las notas musicales para el músico. Esto tampoco significa recurrir a extremos, como exigir que los periodistas se conviertan en filólogos o lingüistas especializados.
Se trata, de que comprendamos que podemos ser capaces de conocer, comprender y reconocer a la palabra como herramienta de trabajo, porque en ella reside la expresión.

La palabra se convierte, entonces, en un eje sobre el cual giran los demás elementos con los que los periodistas trabajamos: la ética, las cifras, los porcentajes, los números y la verdad de quienes explican a la sociedad el proceder de sus responsabilidades públicas.

Si no llegamos a comprender ese detalle, seremos culpables de dejar a las palabras en estado vegetal. Sabremos de quiénes se tratan, pero no seremos capaces de hallar el punto exacto de su expresión.

Y no necesitamos complicarnos la tarea diaria para cumplir ese cometido. Pero sí se nos demanda poner una distancia entre cómo hablan nuestros entrevistados y la forma en cómo trasladamos esas palabras a nuestras notas de prensa.

Así, las palabras dejan de ser simples objetos de comunicación. Cada una adquiere un sentido único. Como las notas de un pentagrama. Todas, no sólo en su respectivo sitio, sino que también a su preciso tiempo.
El manual de estilo de la Agencia EFE al sugerir que ensayemos variedad en nuestro vocabulario, llega al corazón de un problema de fondo: la supuesta poca lectura por parte de los periodistas. Pero no es necesario lanzar otra flecha enconada hacia un problema para el que ya existe solución: “por cada página escrita, cien leídas”, recomendaba el periodista Ryszard Kapuscinski.

Sin embargo, si una sociedad quiere formar buenas personas, convendría tener en cuenta que la tarea de combatir a la pobreza de expresión debe nacer en las escuelas. Allá, los profesores de lenguaje (antes decían “Castellano”) deberían aprender a enseñar a los niños a que sean buenos amigos de las palabras; amigos de expresiones sencillas y claras, a través de la lectura crítica, donde reconozcan –con el paso del tiempo– el porqué del uso de las palabras.

Pero no. Por desgracia realizar es todavía una piedra en el zapato; es el argumento innecesario que perjudica el curso de la lectura. Es el ruido que distorsiona la melodía de la atención. Este atentado a la sensibilidad (que peca ya de abuso) denota pobreza de expresión. ¡Qué hecho más sobrecogedor! La pobreza de expresión ya es otro rostro del periodismo. ¡Vaya con el periodismo realizado que nos toca!


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Ilustración:
Abecor

Bibliografía consultada:

La Prensa: Pautas de redacción periodística 2005.

Agencia de Noticias EFE: Manual de estilo. Cátedra 2004.

Kapuscinski, Ryszard: Los cinco sentidos del periodista (estar, ver, oír, compartir, pensar). Fondo de Cultura Económica/Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, 2003.

Preocupa

Preocupa

Preocupa que Evo Morales califique a los medios como «un movimiento político opositor a su Gobierno».

Preocupa menos que se nos diga «pollos de granja».

Preocupa más que los temores de Morales -por desgracia- lo hayan sembrado algunos propietarios de los medios.

Preocupa mucho que algunas fuentes oficiales de información impongan cierta censura a algunos periodistas de determinados medios. Eso atenta contra el derecho del acceso libre a la información que tiene el ciudadano.

Preocupa que los periodistas se encuentren en mitad de una pelea política en la que, sin parte o contraparte, resultan más perjudicados; con insultos y golpes incluidos...

Preocupa que varios propietarios de medios culpen al Poder político de imponer recortes publicitarios en los medios.

Preocupa que éstos no recurran a la imaginación y a la consabida idea de que con información se pueden lograr muchos ingresos sin necesidad de “propagandas del poder”.

Los medios deberían enseñar a la sociedad y al mismo Poder de que la información es una cosa tan delicada y susceptible que no debería ser causante exclusiva de enconos, rencores y represalias; debería, por el contrario, servir de argumento y excusa para crecer como sociedad.

Es cierto también que ninguna información puede presumirse de “verdad absoluta”. Siempre hay dos o más verdades que se deben tomar en cuenta. He ahí la base para el debate.

La sociedad demanda informaciones que cumplan, por supuesto, con la mínima cuota de honestidad sobre un hecho; libre de prejuicios.

El Maestro Ryszard Kapuściński decía “(…) es necesario escribir sin odios, sin crear tensiones, sin retratar a los otros como a demonios y conociendo en profundidad los motivos y las sinrazones de cada conflicto”.

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Evo y sus pesadillas.
Ilustración: ABECOR.
Fuente: La Razón.

Peor que el animal

Peor que el animal

Desde hace 16 años, el mundo del periodismo recuerda cada 3 de mayo como el “Día Mundial de la Libertad de Prensa”.

En una fecha como ésta se debate los principios fundamentales de la libertad de prensa, la libertad de expresión y el estado de estos derechos en la sociedad.1
Añadamos a eso, el acceso al derecho de la información que todos tienen. Sin embargo, en nombre de este derecho se vulneran otros más importantes. Y la mayoría de ellos los comete la propia prensa.

La línea de varios medios de difusión ya no se acerca a la tan soñada libertad de expresión. Se hace, más bien, burla de ésta. No le interesa pasar ni pisar cuantas sensibilidades estén en su camino. Esa línea le hace daño no sólo a los medios.
Pero en el caso de Bolivia, la novedad no se queda ahí. Lo triste radica en que no se puede salir de ese problema.

Tal como se ve la realidad de este país, atrás quedaron los ataques contra los periodistas, las leyes que restringen el ejercicio del periodismo o la censura indirecta que el Poder político (y ahora los “movimientos sociales o cívicos”) imponen a los medios, a través de varios métodos violentos o comerciales.


Es triste darse cuenta de que muchos medios disponen del poder de la “manipulación” para hacerle frente al Poder Político. Y por desgracia, la gente ajena a esa contienda (propietaria exclusiva de la información) es la que paga las consecuencias.

Por culpa de la manipulación tenemos gente desinformada y harta de todo cuanto ocurre en la sociedad. Y como colofón, hay gente cansada y agobiada de las taras del periodismo.

¿Cuándo esta clase de periodismo se pondrá en sintonía con el pueblo? Cuando dejemos de depender del poder equivocado del dinero; cuando comprendamos que uno de los valores primordiales del buen periodismo es el compromiso con la vida; cuando percibamos que no es necesario mostrar sangre para pronunciar la palabra “muerte”; cuando concibamos por adelantado de que sí podemos causar mucho daño en nombre de la LIBERTAD de expresión; cuando dejemos de convertirnos en el escenario, perfecto, mudo y estúpido donde nos burlemos de la paciencia de las personas; cuando advirtamos que por culpa del prejuicio somos capaces de coleccionar coberturas irresponsables cuyas consecuencias apenas logramos reparar; cuando sepamos decidir –aun a pesar de nuestros jefes– de que nuestra libertad termina con el derecho de los demás; cuando nos demos cuenta de que el rating de audiencia no es otra cosa que la carrera acelerada y triste hacia la complicidad de crímenes.

Por ejemplo, cada que los noticieros muestran cómo matan a alguien, ese alguien muerte tantas veces sin que nos demos cuenta. Y lo que es peor, muere el también honor de su familia.

Desde luego, no es culpa de los medios que las ansias de poder hayan vuelto violentas a algunas personas, pero es su culpa difundir esa violencia con tanto morbo que sobrepasa los límites del respeto que éstos le DEBEN a la sociedad y a la vida en sí.

O como dijo el premio Nóbel de Literatura, Rabindranath Tagore: «El hombre, cuando es animal, es peor que el animal».

Referencias:
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1 Un comunicado de prensa de la UNESCO dice que “el Comité para Proteger a los Periodistas (CPJ), al menos tres periodistas han sido asesinados cada mes en los últimos quince años alrededor del mundo. El Instituto Internacional de Seguridad Periodística (INSI) registró un total de 22 muertes por asesinato o accidente en la región en 2008. La mayoría de los crímenes contra periodistas y otros profesionales de los medios permanecen impunes. En América Latina, las formas tradicionales de censura directa, como prohibir ciertos medios o poner algunas publicaciones en la lista negra, han sido reemplazadas por formas de control más sutiles e indirectas”.

Las consecuencias de la censura sembraron miedo a las represalias y la autocensura.

Ryszard Kapuściński, homenaje...

Ryszard Kapuściński, homenaje...
Un 23 de enero, pero de hace dos años, el periodista polaco Ryszard Kapuściński cerró los ojos para siempre.
Dejó para nuestro deleite el humilde poder de sus enseñanzas, vestidas de palabras sencillas. Con ellas ha reflejado la experiencia del mundo que le tocó caminar, sin otra armadura feliz que la de ser periodista. Esa condición en él fue más que apropiada: le permitió comprender cómo el género humano cae ante el poder.
Pero lo hizo con una prosa tan particular que alcanzó ese deseado carácter universal; como la misma poesía: de nadie, pero al mismo tiempo, muy de nosotros, cuando todas sus crónicas periodísticas nos llenan el alma, nos atrapan la atención y lo olvidamos todo...
Esa es la palabra exacta para este caso: su prosa nos llena de una felicidad inexplicable que no termina de sorprendernos.

¡¡¡Gracias!!!

Ni víctimas ni mártires

Ni víctimas ni mártires

Nuestra responsabilidad como periodistas es por el derecho a la información que tiene toda la ciudadanía. Si en esa responsabilidad hay errores, es hora de desterrarlos; pero ya en serio. Basta de discursos huecos de salón, basta de veladas con vino, donde siempre dicen lo que nunca van a hacer...


Es hora de redimir el mayor capital que un reportero puede tener: la credibilidad.


Si el Presidente Evo Morales tiene quejas graves contra el trabajo de la prensa, le asiste su derecho a reclamar, como a cualquier ciudadano. Pero DEBE hacerlo por el camino institucional. Su investidura lo exige, aunque siga creyendo que no lo es.


El Gobierno del presidente Morales debería comprender que la información no es su privilegio; no es una prerrogativa del poder y tampoco puede convertirse en mercancia para que los medios la conviertan en "algo que se vende".


La información es un bien público que nos hace crecer como sociedad, pues nos permite conocer los males con los que caminamos. Sólo así podremos eliminar viejas heridas que –al parecer– pretenden convertirse en puñaladas rojas de esta nueva gestión…


No podemos estrellarnos contra el operario de una tornería, si de antemano conocemos al jefe del empleado. Y tampoco tenemos el derecho de hacerle pasar a éste una vergüenza pública, porque dizque hizo mal su trabajo.

Ilustración: Javier Menchaca (Mencho).

Periódico La Prensa (La Paz-Bolivia)

 

Hay muy poco porqué celebrar

Hay muy poco porqué celebrar

Este 10 de mayo, día del periodista boliviano, hubo muy poco porqué celebrar. De hecho, hay mucho porqué preocuparse. Por ese motivo, las asociaciones colegiadas y sindicales de periodistas del país han exigido al gobierno de Evo Morales garantías para ejercer el oficio.

 

El periódico La Razón, de La Paz-Bolivia, ha publicado hace pocos días que desde el año pasado se han registrado 48 casos de agresiones físicas a periodistas mientras éstos ejercían su oficio.

Una cifra que alarma, teniendo en cuenta de que Bolivia no reporta –a diferencia de Colombia o de México, por ejemplo– varios ataques a la prensa en tan poco tiempo.

Bolivia, debido a la situación política en que vivía, no reportaba en años pasados tantos ataques a la prensa porque en el país no impera la violencia interna, el enfrentamiento entre grupos armados o el virtual ataque de narcotraficantes a la policía (y por consiguiente a la sociedad civil) en plenas urbes.

Bolivia, desde que recuperó su democracia (10 de octubre de 1982), empezó a vivir en una relativa tranquilidad. Y los ataques contra la integridad a los periodistas han sido muy escasos.

El periodismo boliviano ha sufrido otra clase de ataques: las amenazas de despido, la injerencia a la orientación del enfoque noticioso por parte de intereses políticos y económicos que han provocado la renuncia o el despido de periodistas de algunos medios.

El periodismo boliviano se ha hecho eco de la concentración mediática; una asociación de medios bajo un solo nombre comercial, cuya labor no ha fortalecido al acceso democrático a la información que tienen los ciudadanos del país.

El periodismo boliviano ha aprendido también con el paso de los años a convertir a la noticia en mercancía. Ésas y otras faltas a la ética han sido materia de innumerables reuniones de grupos colegiados, sindicatos y federaciones de periodistas para analizar y autoregularse. (Tarea pendiente aún).

Con el nuevo gobierno, la situación del periodismo boliviano ha cambiado. El lenguaje político que en Bolivia se respira se llama “CAMBIO”. Un cambio del viejo Estado neoliberal que no fue capaz de solucionar los infinitos problemas que el país tiene: desempleo, corrupción y pobreza, entre ellos.

Las medidas del nuevo gobierno, a cuya cabeza se encuentra el presidente Evo Morales, han creado una serie de problemas internos en el país que ha polarizado a la población al grado de que unos quieren levantar los palos de la violencia en contra de los otros.

Y el trabajo de algunos medios (guiados por intereses políticos o económicos) ha facilitado el camino para que sus propios periodistas sean objeto de agresión física.

Hay quienes, por defender el proceso de cambio que pretende llevar adelante el presidente Evo Morales, se toman en serio el papel de guardianes de dicho proceso y no toleran la crítica ni de la oposición política ni de los medios.

En marzo de este año, Carlos Quispe,1 periodista de la radio municipal de Pucarani. murió en un hospital convaleciente de la brutal golpiza que recibió por parte de miembros del Comité de Vigilancia de esa población, en rechazo a su trabajo.

El politólogo César Rojas Ríos le dijo hace un par de años a la revista Inmediaciones.com que se ha visto el surgimiento de un nuevo fenómeno en el país: la poca tolerancia de la gente hacia los medios. La gente quiere oír su voz en los medios. Quiere que su voz sea la única que viva en toda la noticia.

Esa intolerancia la vive el país desde el 17 de octubre de 2003. Aquel viernes, Gonzalo Sánchez de Lozada, renunciaba a la presidencia de Bolivia, luego de haber vivido una crisis feroz en rechazo a su política por parte de los ciudadanos de La Paz y El Alto que exigían, entre otras demandas, la instalación inmediata de una Asamblea Constituyente y la no venta de gas a Estados Unidos y México por puertos Chilenos.2

Frente a estos problemas, las asociaciones colegiadas y organizaciones sindicales de periodistas del país han exigido al gobierno de Evo Morales garantías para ejercer el oficio. Por esa razón, muchos colegas coinciden que hoy, 10 de mayo, día del periodista boliviano, hay muy poco que celebrar. De hecho, hay mucho porqué preocuparse.

Mientras subsista la intolerancia a la crítica, el oficio permanece en peligro. Mientras los propios periodistas no se autorregulen de una vez por todas, tendremos un mal periodismo, al que le gusta encender la mecha de la discordia.

Mientras las nuevas generaciones de periodistas no tomen en cuenta que su formación académica necesita de una urgente dosis de humanismo, los valores y el respeto hacia las personas quedarán en la más profunda ignorancia. Y nuestros hijos crecerán bajo la sombra de la violencia.

 

 



2 Bolivia perdió su acceso al mar en una guerra que sostuvo con Chile en 1879. Desde aquella vez, ambos países no tienen relaciones diplomáticas, pero sí cierta amistad que les permite acuerdos económicos.

En busca de Macondo

En busca de Macondo

Una visita al pueblo que vio nacer a Gabriel García Márquez, premio Nóbel de Literatura. Hoy Aracataca es más conocida como Macondo. ¡Bienvenido!

Publicado en La Época, edición No. 286 -

27-05-2007- La Paz Bolivia

Don Hinaldo Benavides Hormecheas, de 52 años, mototaxista bajo contrato y buen madrugador, no se imaginó que la mañana calurosa en que fue a trabajar a las cinco y treinta, habría de buscar por toda Aracataca los rastros que dejó el escritor Gabriel García Márquez.

Su ocasional pasajero, un joven turista boliviano, lo había contratado para que recorran juntos el pueblo buscando todo lo que tenga que ver con el escritor. Supo, entonces, don Hinaldo Benavides que Aracataca había vuelto a despertar curiosidad otra vez. Aquí nació Gabriel García Márquez, premio Nóbel de Literatura. Aquí vivió con sus abuelos maternos hasta cumplir ocho años de edad. Su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, había llegado aquí en 1910 como recaudador de impuestos.

Este pueblo puede presumir ante el mundo la fama de haber inspirado a García Márquez a escribir la novela Cien años de soledad. Un mural grande, a la entrada del pueblo, confirma esta sospecha: “Me siento latinoamericano de cualquier país, pero sin renunciar nunca a la nostalgia de mi tierra: Aracataca, a la cual regresé un día y descubrí que entre la realidad y la nostalgia estaba la materia prima de mi obra”.

Don Hinaldo Benavides, nacido en El Carmen, del departamento Bolívar, no halló tantas dificultades para guiar al joven turista en su peregrina búsqueda. Hace 16 años que vive en Aracataca. Y fue testigo desde el pasado 6 de marzo cómo el pueblo despertó con 80 detonaciones de fuegos artificiales (la prensa dijo “cañonazos”) en honor al cumpleaños de Gabo.

Aquel día, por ejemplo, vio llegar a las once de la mañana un tren pintado de mariposas amarillas trayendo grupos musicales de todos los rincones de la costa caribeña. Estas bandas musicales, llamadas aquí papayeras, recorrieron Aracataca interpretando porro y fandango, ritmos tradicionales del caribe. Todo, gracias al cumpleaños número ochenta del escritor.

“¿Por qué no vino usted a este pueblo para el cumpleaños de don Gabriel?”, le preguntó don Hinaldo al turista boliviano.

“Es que recién estoy de vacaciones”, contestó el joven.

“¿Sabe? El pueblo está un poco molesto con don Gabriel”.

“¿Y por qué?”

“No vino aquí a celebrar su cumpleaños”.

“Es que ese día, Gabo estaba en Cuba”, dijo el joven turista.

“¡Qué pena!”, contestó don Hinaldo.

En efecto, el joven turista pudo advertir que había un poco de descontento en Aracata hacia el escritor. Lo querían en el pueblo para celebrar con él esa suerte medio extraña de tener 40 años de una fama casi olvidada.

Cien años de soledad ha sacado a este pueblo del anonimato, pero con otro nombre: Macondo. Y todo gracias a la fosforescente imaginación del escritor colombiano de cuya pluma nació un mundo mágico, donde todo era posible; “un mundo donde las cosas más maravillosas eran simplemente cotidianas”, según recuerda el propio García Márquez.

Pero no todos en el pueblo sienten descontento hacia el escritor. Raúl Salad, un comerciante de 47 años, “cataquero neto”, como se autodefine, dice que don Gabriel ya cumplió su tarea. “Que ahora hagan los políticos”, sentencia. Y con esa frase tan corta pero contundente, el joven turista entiende de inmediato a qué se refiere don Raúl: a la obligación administrativa que tienen con Aracataca sus autoridades elegidas.

Por esa razón, Pedro Sánchez Rueda, el alcalde de Aracataca, propuso a su pueblo, el año pasado, añadir el nombre de Macondo para atraer turismo. Su iniciativa busca proyectar la imagen turística de Aracataca ante el mundo, aprovechando ser la cuna del escritor.

Con ese objetivo en manos, el domingo 25 de junio de 2006, se llevó aquí una consulta popular para saber si sus 21 mil habitantes registrados en el padrón electoral estaban o no de acuerdo con añadir Macondo al nombre de Aracataca. Aquel día, sólo votaron 3742 habitantes de las 7400 mil almas que se esperaba.

“Yo hubiera apoyado al alcalde en la consulta”, dice don Raúl Salad. “La vaina es que él hizo las cosas solito, sin consultar a nadie; por eso perdió. Además, en todos los países hay Macondo, y eso es gracias a don Gabriel. Por eso le digo: él ya hizo todo por nosotros”.

 

Historia

Aracataca, uno de los 20 municipios del departamento de Magdalena, cuenta con 26 mil habitantes y vive de la agricultura, el comercio, la producción y exportación de banano, desde principios del siglo pasado.

La historia dice que Aracataca (que significa Río del cacique) tiene 122 años de vida. Se fundó al margen del río por los indios catacas, “descendientes de los bravos chimilas”. Pero el desenfreno hacia el alcohol y la viruela acabó con la cultura de esta comunidad y quedó en manos de los colonos, quienes –con el paso de los años– hicieron prosperar el cultivo del banano.

La bonanza se había asentado en el pueblo. Y con la llegada de la transnacional United Fruit Company, en 1905, se trazó para siempre un camino férreo, de cuyos vagones bajó una migración compuesta por “aventureros, contrabandistas y putas”; es decir, una hojarasca que le dio fama al pueblo de un descontrol total. En 1915, Aracata recién tuvo su primer alcalde.

De esa época se desprende un cúmulo de hechos increíbles que Cien años de soledad trata de evocarlos. Por ejemplo, aún se recuerda al primer párroco del pueblo, el padre Pedro Espejo, “más célebre por ciertos milagros que por su labor pastoral”. He ahí, tal vez, el hechizo que todavía tiene este pueblo para el visitante extranjero: arranca una curiosidad natural, pues cunde en el alma el deseo de saber si en este pueblo hay mariposas amarillas, tal como ocurrió en Macondo.

Pero no, quienes pretenden buscar en Aracataca los rastros míticos de Macondo que se describen en Cien años de soledad, se llevan una decepción. Aracataca tiene el aspecto de ser otro pueblo alegre y caluroso de los que hay en Beni, Pando o Santa Cruz.

El joven turista encontró un pueblo de color verde, pues sus cuatro esquinas están llenas de árboles y de calor. El termómetro no tiene ningún problema en decirnos que caminamos bajo 35 grados centígrados, casi todo el día.

 

Polo de desarrollo turístico

En noviembre de 2001, la estudiante de idiomas, Nidia Delgado, luego de asistir a un Congreso de músicos en Santa Marta, (al norte de Colombia, capital del departamento Magdalena) retornaba en bus hasta Bogotá. Pero por problemas mecánicos, el bus hizo una parada obligatoria justo en Aracataca. Estaba amaneciendo. Y reparar el problema del bus demoraría hora y media, por lo menos. Los pasajeros aprovecharon la estadía para desayunar y conocer un poco el pueblo donde había nacido tan ilustre escritor.

“Los chicos estaban yendo a la escuela, descalzos, con sus cuadernos en mano y llevaban su almuerzo en pequeñas bolsas. La plaza de Mercado ya estaba abierta, los ancianos se acercaban a desayunar. Y luego vi que las calles de Aracataca estaban barrosas, no estaban pavimentadas, parecía un pueblo abandonado, triste… No entendía por qué el pueblito donde nació tan famoso escritor vivía en estado de abandono”, dice la joven estudiante.

Pero esa imagen, a juicio de Fabián Marriaga, ex secretario social de la alcaldía de Aracataca, pertenece al pasado. Marriaga trabajó con el actual alcalde Pedro Sánchez y aspira ahora en convertirse en su sucesor.

Y dice, por ejemplo, que quieren convertir a Aracataca en un polo turístico de desarrollo. “Sólo así, va a mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes. No teníamos agua potable. Se está construyendo un nuevo acueducto, se está construyendo también un nuevo hospital para el municipio, con todos los requisitos que exige el ministerio de Salud”, dice Marriaga.

 

Casa Museo

La división de Patrimonio, del ministerio de Cultura de Colombia ha invertido 1.200 millones de pesos (562.851 dólares estadounidenses) para reconstruir la casa de los abuelos maternos del escritor donde vivió hasta sus ocho años.

Carolina Ortiz y Jorge Taborda, arquitectos responsables de la primera etapa de este proyecto, tienen en manos la misión de dejar hasta el 6 junio los cimientos de esta obra. Pero deben, antes, conseguir aquellos materiales originales con que se construyó esta casa. Quedan muy pocos registros fotográficos de ella, nos dicen. Y hasta ahora no han tenido mayores dificultades y están seguros de poder entregar la primera parte de la obra en el tiempo establecido.

Luego continuará la reconstrucción hasta entregarla el 10 de diciembre próximo; fecha en que se cumplirán los 25 años de que García Márquez recibió el Nóbel de Literatura. Y el 6 de marzo de 2008 se la estrenará convertida en un moderno museo.

Una vez terminado este proyecto, Aracataca espera recaudar 600 mil dólares por año. “Con este proyecto, no sólo seremos un municipio colombiano sino que nos convertirnos en un municipio del mundo”, dice Marriaga.

 

Macondo es único

Pese al supuesto fracaso de la consulta popular en Aracataca del año pasado, se puede ver por todo el pueblo carteles y pasacalles que reclaman para sí el orgullo de una fama que la historia parece haberle negado.

Don Hinaldo Benavides, le llevó al joven turista boliviano a una radioemisora llamada Macondo Stereo; le llevó a la biblioteca municipal Remedios, la Bella; le mostró la Residencia Macondo; la Unidad Médica Ambulatoria Macon Salud; la Institución Educativa Departamental mixta de Aracataca “Gabriel García Márquez”, cuyos buses escolares son de color amarillo.

Y por último, le mostró la Administración Postal Nacional “Casa del telegrafista”, lugar donde había trabajado Gabriel Eligio García, padre del escritor, que se instaló en Aracataca en 1924. Tres años más tarde, el 6 de marzo, nació Gabriel García Márquez.

En la Casa del Telegrafista hay una muestra permanente al público que, repartida sobre las paredes y en tres mesas blancas se puede conocer un poco más –y en persona– todos aquellos muebles, enseres domésticos, libros, cuadros y fotos que pertenecen a la familia García Márquez.

Entonces, el joven turista comprendió que Macondo existía sólo en su corazón, y abandonó para siempre la ambición peregrina de encontrarlo, pues tal vez mañana no tenga una segunda oportunidad sobre la tierra.

Ryszard Kapuscinski o la capacidad de revelar el mundo en una gota de agua

Ryszard Kapuscinski o la capacidad de revelar el mundo en una gota de agua

Hace un año que el más privilegiado ejemplo del buen periodismo cerró sus ojos para siempre. Tenía 74 años. Su nombre, Ryszard Kapuscinski. O si se prefiere, Ricardo Kapuscinski; polaco de nacimiento. Un nombre que tal vez diga poco a las nuevas generaciones que desean al periodismo como profesión.

 

 

Había nacido en marzo de 1932; en plena época de cambios políticos y luchas sociales que habrían de afectar al mundo para siempre. En enero de aquel año, por ejemplo, en Honduras se declaró la ley marcial para detener la revuelta de los trabajadores de la banana, despedidos por la United Fruit Company. Sí, la misma que viste y calza (y con el mismo antecedente) en la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

En aquella época tampoco era extraño enterarse de que el abogado Mahatma Gandhi, de 63 años, había sido arrestado otra vez en la India, por sembrar la esperanza de que su gente no sufra más discriminaciones raciales.

En febrero de 1932, Adolfo Hitler se presentaba ante la Alemania derrotada de la Primera Guerra Mundial, como candidato a la presidencia de la República, por el Partido Nacionalsocialista.

En efecto: el mundo se encontraba en la antesala de grandes cambios; cambios que luego él, siendo apenas un niño de siete años, los habría de sentir en carne propia, cuando de la mano de su familia –y sin saber en qué dirección– tuvo que dejar Pinsk, la ciudad donde había nacido, en busca de mejores días.

“Es noche cerrada y tengo mucho sueño”, escribe “pero no se me permite dormir: tenemos que irnos, huir. Ignoro adónde pero comprendo que la huida se ha convertido en una necesidad perentoria, incluso en una nueva forma de vida, pues huye todo el mundo (…)”.

La Alemania nazi acaba de invadir Polonia. La Segunda Guerra Mundial ya está ante las puertas del país. Kapuscinski fue testigo, entonces, de “cómo saltan por los aires racimos de tierra gigantescos”. Y él, con su natural curiosidad de niño, quiere ir al encuentro de ese estruendo terrible, que después aprendería a llamarlo bomba. Pero el brazo de su madre lo detiene tumbándolo al suelo: “no te muevas”, le advierte. Y mientras lo apresa contra su pecho, le dice: “Ahí está la muerte, hijo”.

Este hecho marcó para siempre la percepción del mundo en Ryszard Kapuscinski. A sus 19 años, graduado en Historia por la Universidad de Varsovia, y famoso por su habilidad de poeta, empezó a trabajar como reportero.

Sólo así, y con el paso de los años, cultivó en su trabajo la imagen de un periodismo posible para estos tiempos: narrar los hechos desde la boca y los ojos de la propia gente; nunca desde aquellos que se creen dueños de nuestras decisiones de pueblo.

Un periodismo más humano

Ése uno de los muchos legados que nos dejó: hacer que la persona humana se convierta en lo más importante de nuestra reflexión y nuestra visión de mundo; es decir, un periodismo humilde, capaz de decirnos qué ocurre con aquellas personas cuya situación –por lo general– los grandes medios y las agencias de prensa, la ven como un simple número.

Pero Kapuscinski se ha encargado también de dejarnos las claves para seguir su ejemplo. Basta con que revisemos sus libros o las entrevistas y charlas que concedió, y caeremos en la cuenta de “que trabajamos con la materia más delicada de este mundo: la gente”.

Así, cada que asistimos a cualquiera de sus experiencias, nos da la impresión sobrecogedora de que descubrimos el mundo y nos asombramos de él, como si fuera la primera vez.

Por ejemplo, cuando estalló la guerra civil en Angola, a causa de la proclamación de su independencia en 1975, dice: “En estos días se registran muchas defunciones, porque el miedo, la desesperación y las frustraciones no cesan de cavar tumbas”.

Una imagen no vale mil palabras

Kapuscinsky ha logrado casi la perfección en toda su obra, gracias a su sinceridad. Se siente eso a través de su palabra, porque no utiliza un lenguaje rebuscado; ni se inventa palabras ajenas y complicadas a nuestra realidad; al contrario, con su sencillez, su capacidad de observación y certeza apela a que reparemos por un instante en cómo vemos el mundo que nos rodea.

Pero a su juicio, gran parte del periodismo se apoya en la equivocada idea de que “ver” es lo mismo que “entender”: “la creciente cantidad de imágenes que nos atacan constantemente limita la relación con la palabra hablada y escrita y, por consiguiente, el dominio del pensamiento”.

Su estrategia consiste en llevar a sus lectores a dónde él se encuentra. En castellano, empatía. A través de sus ojos, aprendemos a captar todo lo que nos rodea: voces, rostros, sonidos, aromas, ambiente, colores, expresiones, temperatura y sensaciones.

Esta labor le ha enseñado a comprender que “el periodista no puede ubicarse por encima de aquellos con quienes va a trabajar; al contrario, debe ser un par, uno más, alguien como esos otros, para poder acercarse, comprender y luego expresar sus expectativas y esperanzas”.

El reportaje en persona

El escritor Gabriel García Márquez, luego de haber asistido a un taller sobre crónica periodística que Kapuscinsky ofreció en la ciudad de México, del 6 al 9 de marzo de 2001, se levantó de su silla muy contento, y con un arranque natural, como es su costumbre, lo llamó “Maestro” delante de los demás periodistas.

Aquel día, supo el Nóbel que ese hombre conversador, sensible, bajo de estatura, de semblante alegre, tímido, canoso y algo calvo, era la viva imagen del Reportaje. Ese periodista polaco (cinco años menor que él) –y ahora su aliado y gran amigo– había sido la persona cuyo trabajo tanto estuvo buscando.

En efecto: Kapuscinsky cubrió en América Latina, África y Asia muchas revoluciones y golpes de Estado. Y los plasmó en veintiún libros. Pocos han sido traducidos al español, pero los suficientes como para que su autor no pase desapercibido ante los ojos del Nóbel, quien advirtió en la prosa de su colega una dimensión universal, capaz de conmover hasta las mismas piedras.

He ahí la fuerza de Kapuscinsky: un periodismo de verdad; un periodismo que deberíamos asumir como una misión, nunca como una obligación. Sólo así, este hombre que ha muerto de muerte natural, sonreirá con nosotros.

Foto: www.elpais.com